
Me siento hoy mal.
Tu sonrisa me miró
y mi cara volví.
¿Por qué soy tan tonta
dejando que tu mirada
se fuese sin mi mirada?
Tanto tiempo deseando verte,
y cuando me miras
me dejo llevar por un inútil enfado.
Siendo tú mi amor, mi sueño,
mi luz en cada día;
y mi ánimo desanimado
a ti, sin culpa, te hirió.
Te deseo a mi lado,
en momentos dulces o amargos;
ser consuelo el uno para el otro
y tus ojos negros alegrar mi corazón
cuando la negrura se hace dueña de mí.
Este sentimiento de culpa
por el daño que te he inflingido
siendo tú, mi amor, inocente
de este mi malestar, mi desánimo,
no se irá hasta ver de nuevo tus ojos
y tu mirada sonreírme
y devolverte mi sonrisa otra vez.
Perdona, mi amor,
este mal genio mío
que a veces se apodera de mí
y en dolor por la espera que desespera.
Perdona, mi amor,
por esta enamorada desesperada.
Marian García.