
El otro día te vi cuando al teatro fui. Te quise mirar para que ese rostro triste por lo que estás pasando se borrara. Supongo que rodeada de tanta gente a mi lado no te apetecía sonreír. Yo también quiero intimidad, respeto y discreción.
Me siento tan mal.
Quisiera no haber visto a un hombre envejecido unos 10 años pues recuerdo que tenías alguna cana pero tu pelo era en el fondo tan oscuro como tus expresivos y chispeantes ojos negros. Pero estaba gris y tu cara estaba más a la altura del suelo que erguido como debe estar un actor según me enseñan en las clases.
No vi la obra pero te vi a ti y desde entonces mis oraciones se elevan al cielo por ti. Sé que serás bendecido pues mi Dios siempre me ha escuchado.
Dice mi galleta de la suerte que debo decirle a alguien que lo quiero, ¿pero cómo te digo lo que siento si estás en otro mundo y cuando estás junto a mí te alejas para que nadie sepa de tus sentimientos? Quisiera consolarte y animarte; pero no sé cómo hacerlo si te haces inaccesible.
Por mi parte; tienes mi apoyo y lucharé contigo por lo que nos une: el teatro.
Aunque no puedo decírtelo a la cara lo escribo aquí:
Te quiero y sé que eres mi amor definitivo. Te amo.
Marian García.