

Estoy casada de esperar algo de ti. He leído que mi fallo fue decirte lo que sentía por ti. Que los hombres sois cobardes a la hora de esto del amor; y tú estás más entregado a tu trabajo que a tu situación sentimental.
Prefieres sexo e historias fáciles; sin compromiso.
¿Así que a los hombres os va la marcha? Pero luego os quejáis de que las mujeres no somos decididas y siempre tenéis que ser vosotros los que deis el primer paso. Pues explícame como siendo tan sincera y decidida no he tenido más que evasivas tuyas y, al mismo tiempo, me agarrabas de la cintura con fuerza, eras una sonrisa con patas cuando me veías y te ponías celoso cuando yo hablaba con otros.
En definitiva; eres como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.
Pero se acabó.
Ahora voy a curarme de ti y estar durante un tiempo limpiando mi espíritu hasta que esté libre de tu influjo y pueda prepararme para otro hombre que sí sea decidido para conmigo y no juegue al gato y el ratón; al hombre invisible u hombre avestruz.
Debo darte las gracias por este más de un año de interés en ti. Aunque no ha ocurrido nada más que miradas y sonrisas complices; he aprendido a ser más cauta en el amor, y más fuerte. Aún así; sigo confiando en que el hombre de mi vida llegará... pero no se llamará como tú.
Que te vaya bien,
tu amiga Marian García.