No han sido pocos los años que he visto la forma de independizarme, y no niego el miedo a moverme de la seguridad de mi casa; o el hecho de no tener seguridad económica.
Sin embargo, buscando trabajo se me presentó la posibilidad de salir de casa a cambio de cuidar de una chica más joven que yo, pero con unas alteraciones nerviosas mayores a las mías.
Una persona que en poco tiempo se ha visto sola y mal cuidada por una chica que no era muy dada a las responsabilidades que adquirió.
Debo reconocer que he caído en buena familia y, a pesar de que el cambio no parece gustar a mis progenitores y en mí es una aventura nueva que veo definitiva; sé que va a ser para crecer en todos los aspectos de la vida.
Me siento contenta y no puedo negar que estoy deseando volver a escribir sobre las maravillosas experiencias que esto va a conllevar.
Tampoco es una ruptura con la familia. No voy al fin del mundo y las visitas en fin de semana están ahí. Pero estoy segura que con esta vida nueva voy a estar en otro nivel con mis padres y dejar de ser la "niña" para ellos.
Vivir a los 48 años con ellos no les hace ver que yo he crecido y necesito mi espacio vital; y las normas ya no se pueden aplicar como cuando tenía quince años.
En definitiva, creo que esto es muy positivo para todos.
Marian García.

