
Miraba el mar con ansiedad. Era la tercera vez que se arriesgaba y apenas era un muchacho de quince años. El sol quemaba su negra piel mientras esperaba la barca que se llenaría de más gente de la que podría soportar; pero así era la realidad y así el negocio de las mafias que comerciaban con carne humana.
Volvió a mirar hacia el horizonte.
Pronto comenzó a oscurecer y el encargado de llevarlos se apresuró a llevarlos a la frágil barca. Apenas eran las ocho de la tarde y los cien emigrantes más la poca tripulación entró en la Zodiac. La barca comenzó a entrar en el mar y los pasajeros obligados por sus historias comenzaron a rezar por una buena travesía. Sin embargo; Tarek esperaba que los amistosos hombres de uniforme verde al otro lado del Estrecho no descubrieran su presencia. Él sabía que aquellos amables guardias le cuidarían si llegaba mal; sin embargo, en nada que se recuperase lo devolverían a su país.
El mar esperaba a sus víctimas. El Estrecho nunca era un lugar de mar apacible.
La noche cayó y el frío llegó.
Marian García.
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