
Perdóname, Señor,
por no dar gracias por tener trabajo.
Perdóname por pedir
lo que tal vez no debo
y olvidarme de los que no tienen.
Lo siento, mi Dios,
por pedir luz cuando
de ti tengo la Luz Divina.
Gracias te doy
por la paciencia que posees
y que tan poco uso yo.
Gracias por el mar, su brisa en la playa
y los colores del Arco Iris.
Gracias por querer siempre
a la desagradecida que, humilde,
estos versos te dedica.
Gracias, Jesús, por darme corazón
y lágrimas para derramar
cuando el dolor me destroza
o la alegría de tu Paz me invade.
Y perdón, mi Dios, por acordarme siempre
cuando de ti algo preciso.
Gracias y perdón de esta poetisa
que lágrimas en verso te regala.
Marian Garcia.
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