


Las luces se han apagado ya.
El telón ha bajado
y el escenario escondido está.
Las sillas están vacías ya.
La gente ya dejó la obra atrás
y los actores se retiran.
¡Mas no todos!
Ahí al fondo, en el medio de las butacas,
una actriz llora silenciosa
porque la obra ya terminó.
Mañana no habrá función;
no habrá luces de candilejas ni aplausos
que de entre el público salgan.
Ya nadie ama el teatro,
fiel retrato de la vida, aunque
cierto sea exagerado.
Solo está el escenario con luces de penumbra.
La actriz sube al escenario y sube el telón.
De aquí para allá y viceversa,
como grácil gaviota o cisne en un lago
se mueve recitando su monólogo.
Ahora; terminada la función un aplauso
desde el fondo se oye...
Ángeles del cielo han venido a verla actuar.
¡Adelante, Marian!
¡La función sigue si tú sigues,
y es mucha la vida que queda por vivir!
Lágrimas en el teatro
para una actriz que no se da por vencida.
(Con cariño para quienes me han rechazado en la Escuela Navarra de Teatro pues me han hecho más fuerte y firme en mis sueños... Sin rencor ni resentimiento.)
Marian García.
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